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sábado, 11 de abril de 2020

La pintora Marcelina Poncela es la Joaquín Sorolla de Valladolid


Pocos conocen a la vallisoletana Marcelina Poncela Hontoria (1864 – 1917) y sin embargo todos conocen a su hijo, el escritor Enrique Jardiel Poncela… Una vez más constatamos las dificultades que las mujeres tienen para aparecer en los libros de divulgación y para que su nombre y obra no sean borrados por el paso del tiempo.


Marcelina Poncela nace en
C/ Vega 18 de Valladolid.
Foto: Isabel del Río ©
Marcelina Poncela gozó en vida de fama en su Valladolid natal y en los círculos artísticos de Madrid, donde dio a conocer su obra en los concursos anuales de la Escuela de Bellas Artes y en las Exposiciones Nacionales. En Valladolid obtuvo, en 1885, una beca de la Diputación con intervención de la Academia de Bellas Artes y otra del Ayuntamiento en 1889. Un año antes, había obtenido el premio de primera clase de la Academia por uno de sus trabajos más conocidos, el óleo titulado La Capilla de la Aldea. Además, la hemeroteca del Norte de Castilla guarda numerosos artículos y reseñas que el periódico le dedicó, siempre elogiosos, por sus exposiciones. En Madrid, expuso con asiduidad en el Círculo de Bellas Artes, donde su acuarela En el Campo tuvo eco nacional; fue reconocida y aceptada por los artistas varones de la Escuela Pictórica de la Pumariega, posteriormente Colonia Artística de Muros de Nalón (1884 – 1890), dirigida por Casto Plasencia; y se ganó la vida con su pintura y sus clases.

Marcelina Poncela Hontoria nació en la primavera de 1864 en la calle Vega nº 18 de Valladolid. Puede que para los lectores este dato no signifique nada pero para quien está escribiendo resulta asombroso porque ha vivido, precisamente, en la calle Vega nº 18 durante años... y años ha tardado, igualmente, en conocer la importancia de la obra de la pintora que nos ocupa; no así la literaria de su hijo, ampliamente renombrado. Pero si el hijo es interesante, la madre también lo es aunque el tiempo haya olvidado su nombre.

Alumna de Carlos Haes e integrante de la Colonia Artística de Nalón, gran parte de sus obras se pueden clasificar como posimpresionistas y luministas, dentro de un estilo que compartía con el valenciano Joaquín Sorolla o con el orientalista Mariano Bertuchi. Como a tantos y tantas artistas de la segunda mitad del siglo XIX, a Marcelina Poncela le fascinaba la pintura al aire libre: paisajes del Norte de España, de Castilla e incluso, de otros países (óleo titulado Cercanías de Vriesland en Holanda, en el catálogo de la Real Academia de la Purísima Concepción de Valladolid. Eran los plenairistas, los nuevos artistas que podían salir a pintar fuera de su taller gracias a las pinturas ya fabricadas que habían comenzado a venderse en las droguerías con el advenimiento de la Revolución Industrial. Atrás habían quedado los tiempos en que era necesario pintar rodeado de ayudantes que mezclaban pigmentos y elaboraban barnices. Así, el campo y las calles se convierten en los temas preferidos, los que compran las clases medias que se acababan de incorporar al mercado del arte gracias a las nuevas ferias y exposiciones.

Sin embargo, la luz española, fuerte y marcada, es muy diferente a la luz francesa impresionista. El luminismo español capta estos bruscos contrastes de luz con una pincelada suelta y composiciones de gran armonía, que combinan el realismo con una visión poética de la naturaleza. Marcelina Poncela, después de casada y ya madre, pinta no sólo el paisaje de Quinto de Ebro, donde comienza a veranear la familia, sino sus gentes, juegos y descansos (No Vienen! de 1888). Testigo de aquellos románticos paseos de la España decimonónica que sepultó la Guerra Civil, pues aquellos idílicos parajes serán posteriormente escenario de la Batalla del Ebro.

También cultivó el dibujo floral, con múltiples ejemplos no sólo de técnica al óleo o a la acuarela sino con pastel y lápiz conté, incluso podemos encontrar caricaturas (parece que el sentido del humor le venía a su hijo de la parte materna) como la Escena Galante de 1890 donde una remilgada señorita de la Restauración coquetea inocente con un burro vestido de rico prohombre.

Importante es el óleo de 1890 donde retrata a la Reina Regente Dª Mª Cristina con su hijo Alfonso XIII niño, que se conserva en el Ayuntamiento de Valladolid. Como era frecuente entre los artistas de la época, realizó el retrato en base a una fotografía de periódico. El contrate entre blancos y negros es muy marcado y su manejo de los blancos (el color más difícil de usar con acierto en pintura) es brillante, tan brillante como el de su homólogo valenciano ya citado anteriormente.

La Reina Regente Dª Mª Cristina
con Alfonso XIII niño de Marcelina Poncela.

La Asociación Aragonesa de Críticos de Arte publicó en septiembre de 2017 un artículo con obras de sus veraneos en Quinto, lugar de donde era natural su esposo. Me ha llamado poderosamente la atención, por su fuerza y pincelada libre, el óleo titulado Paisaje con Acequia de 1900.

Y es que Marcelina Poncela entra también en el siglo XX y sus obras se llenan de nuevas influencias, por ejemplo la Modernista de su bellísimo cuadro Mis Muñecos de 1904, donde apreciamos de nuevo su capacidad para manejar los deslumbrantes vestidos blancos de las intemporales niñas de rostros etéreos.

Marcelina Poncela Hontoria murió en Quinto de Ebro en 1917 a consecuencia de un tumor en el intestino. Tenía 52 años.

R.I.P.

La vallisoletana Dolores Cid ha grabado este video dentro del Congreso Xéneros, Museos Arte e Educación:


Son importantes iniciativas de grupos que buscan la recuperación del pasado femenino, reiteradamente olvidados por los programas oficiales de nuestra Enseñanza Secundaria y Bachillerato. Iniciativas en las que veo que no aparece la Universidad de Valladolid, donde estudié yo también.

A Marcelina Poncela también la dedica un reconocimiento la Asociación Española de Pintores y Escultores ya que fue una de las cinco mujeres que apoyaron esta importante fundación: ella fue la socia número 29.

viernes, 20 de marzo de 2020

El Norte de Castilla entrevista a Isabel del Río. Sobre Sofonisba Anguissola, pintora del Renacimiento

"La Retratista del Hombre más poderoso del Mundo". El periodista Vidal Arranz entrevistaba a Isabel del Río, autora de "Las Chicas del Óleo" (editorial Akrón) en el Norte de Castilla, con fecha 2 de marzo de 2019.

Sofonisba Anguissola, Autorretrato1556, Museo Lancut, Polonia

En el 2008, Isabel del Río publicó "Las Chicas del Óleo" un ensayo sobre mujeres artistas anteriores a la Revolución Francesa. Quedaba claro que la situación de la mujer artista empeoró a partir del siglo XIX, porque muchas pintoras y escultoras que gozaron de fama y prestigio en los siglos XVI y XVII fueron intencionadamente olvidadas después de 1789. No es casual que en estas fechas se desarrolle la Revolución Industrial y se implante una sociedad de clases que relegó a la mujer a propiedad privada del marido dentro de la familia burguesa que se iba imponiendo.

Particular interés en el ensayo tiene la figura de la italiana Sofonisba Anguissola, pintora manierista muy apreciada en la Corte de Felipe II de España, donde retrató a toda la familia real, y elogiada por pintores posteriores como Van Dyck o Rubens.

Sus elegantes retratos, de fondos oscuros y figuras congeladas en el tiempo, son un claro antecedente de los de Velázquez, quien conocía sus obras ya que formaban parte de la colección real. Sin embargo y coincidiendo con el incendio del Alcázar de Madrid, donde se guardaban sus trabajos, y la apertura del actual Museo del Prado, las firmas de los óleos de Anguissola fueron ocultadas bajo capas de pintura y la celebre italiana cayó en el olvido. Durante 170 años, sus trabajos fueron atribuidos a Sánchez Coello y su escuela. Hubo que esperar a 1996, cuando el director de restauración del Museo del Prado, Matías Díaz Padrón, al limpiar los cuadros de Felipe II y su esposa Ana de Austria encontrase oculta, bajo una capa de pintura, la firma de la verdadera autora.
Retrato de Felipe II por Sofonisba Anguissola en el Museo del Prado
Sofonisba Anguissola había nacido en Cremona en el seno de una familia noble y recibió, como al resto de sus hermanas, una formación humanística y artística. Alumna de Miguel Ángel, cuyos ejercicios y dibujos copió, nada en su vida o en su formación la colocó en una posición especialmente relegada. El menosprecio de su figura y obra no se produjo en vida, sino más de un siglo después de muerta. ¿Por qué? La respuesta es simple... Se llama patriarcado. Y su caso no es el único. Por ejemplo, muchas de las obras de la pintora barroca Judith Leyster sufrieron un destino semejante y fueron atribuidas a Frans Hals.

¡Demasiadas mujeres silenciadas! En "Las Chicas del Óleo" se cita la obra de una treintena de mujeres artistas relevantes del Renacimiento y Barroco: Catarina Van Hemessen, Artemisa Gentileschi, Clara Peeters, Judith Leyster, Elisabetta Sirani, Marietta Robusti 'La Tintoretta', Lavinia Fontana, Elisabeth Vigée-Lebrun o Anna Therbush, entre otras.

Para leer la entrevista del Norte de Castilla pincha el siguiente link:

https://www.elnortedecastilla.es/culturas/retratista-hombre-poderoso-20190302094222-nt.html


Portada de Las Chicas del Óleo por Isabel del Río



miércoles, 18 de marzo de 2020

La pintora renacentista Plautilla Nelli

Plautilla Nelli era una monja dominica de Florencia de la que todavía sabemos poco. Sí sabemos que pintaba con maestría y que pertenecía a una familia lo suficientemente importante como para tener una calle de la ciudad a su nombre.

La Última Cena de Plautilla Nelli

El historiador y arquitecto renacentista, Giorgio Vasari (1511-1574), la menciona en la segunda edición de su libro “Vida de los mejores arquitectos, escultores y pintores” que tanta información sobre el mundo artístico antiguo nos ha transmitido, especialmente sobre el actualmente olvidado de las mujeres y que él apreciaba, como muchos de sus contemporáneos, y que en ocasiones es casi la única guía que tenemos para acercarnos a un tema todavía tan ¿silenciado?

Gracias a él sabemos que Plautilla Nelli vivió en el monasterio de Santa Caterina on Via Larga y que sus obras estaban influidas por el estilo de Fray Bartolomeo (también conocido como Baccio della Porta). Junto a su hermana Petronilla, también dominica y que escribió una biografía de Savonarola, iluminó libros de coro. Plautilla pintaba la letra capital, rodeada generalmente por la figura de una religiosa. Son delicadas composiciones que se conservan en la Biblioteca Marucelliana del Museo de San Marcos. Muy apreciada por sus contemporáneos, tuvo importantes encargos, y el citado Vasari dice que en las casas influyentes de todo Florencia había cuadros de esta artista, tantos que sería tedioso enumerarlos.

Hoy sólo cuatro trabajos suyos han sido autentificados: la Lamentación del refectorio de San Marcos es quizá el más conocido y emocionante por la trágica expresividad de los personajes, con ojos enrojecidos y patéticas lágrimas; la Última Cena que adornó el refectorio de su convento y que hoy se encuentra en la iglesia de Santa María la Novella es más sereno pero también presenta un gran alarde compositivo; Pentecostés de la iglesia de San Domenico en Perugia es una obra grandiosa; y La Virgen con Santa Catalina, el Niño y Ángeles ha sido la última en autentificarse, en 1985.

Lamentación de Plautilla Nelli