domingo, 3 de mayo de 2020

Amalia Alegre: líder de la Huelga de Mujeres de 1918 en Barcelona


La Huelga de Mujeres de 1918 en Barcelona se encuadra entre otras dos grandes revueltas: la Huelga General de 1917 y la Huelga de la Canadiense en 1919. Su líder fue Amalia Alegre y fue seguida por más de 24.000 obreras que pararon fábricas y talleres y tomaron las calles de la capital catalana durante quince días.

Huelga de Mujeres de 1918 en Barcelona.
Foto de El Diluvio
A punto de finalizar la Primera Guerra Mundial, las condiciones de vida en España eran trágicas para el proletariado. De hecho, podríamos afirmar que eran incomprensiblemente trágicas ya que el país se había mantenido neutral durante la Gran Guerra y la burguesía se había enriquecido vendiendo materias primas y productos agrícolas a las naciones europeas devastadas por la contienda. Sin embargo, las clases trabajadores vivían peor en España que en Francia o Alemania y en 1918, eran víctimas del hambre y de enfermedades, especialmente de la pandemia de la Gripe Española.
Amalia Alegre era una inmigrante en Barcelona, una víctima más del “éxodo rural” que nutría la Revolución Industrial de la España de Alfonso XIII. Vivía en Barcelona, en la popular y hacinada calle del Olmo y era una activista del Partido Republicano Radical de Lerroux. Morena y fuerte, de rasgos típicamente ibéricos, no llegaba a los 30 años de edad, pero estaba cansada de trabajar desde niña y políticamente preparada para luchar por sus derechos, también por los de sus hijas.

El día 18 de enero, Amalia Alegre fijó en la pared un cartel convocando a las “ciudadanas del Barrio de Atarazanas” a ir al Gobierno Civil para exigir el abaratamiento de las subsistencias. El descontento era grande por la falta de carbón en aquel invierno particularmente frío; por la subida de los precios de alimentos básicos; y por el encarecimiento de los alquileres.

No hizo falta esperar mucho para que cientos de mujeres del Barrio Chino se la unieran y organizaran una comisión negociadora que exigía que los artículos de primera necesidad (las subsistencias) volvieran a los precios de antes de la guerra; una rebaja drástica de los alquileres de las casas proletarias; y la readmisión de unos seis mil trabajadores de los ferrocarriles despedidos tras la Huelga General de 1917 y que eran necesarios para desbloquear la llegada de subsistencias a la ciudad.

Nunca admitieron hombres durante los quince días que duraron las movilizaciones. Las asambleas estaban constituidas exclusivamente por obreras, con la excepción de algunos periodistas (debidamente acreditados) que además de informar sobre el desarrollo de los acontecimientos debían difundir la prohibición de que ningún hombre se incorporara a sus filas. La idea era evitar a espías de la policía y otros posibles saboteadores, no en sí a los obreros varones que, en definitiva, estaban a favor de sus compañeras.

Desde la primera reunión con el gobernador civil hasta la última hubo un aumento importante de la violencia. Se llegaron a apalear a comerciantes avaros y a asaltar carbonerías y otras tiendas. Este tipo de acciones no eran bien vistas por Amalia Alegre que abogaba por una vía pacífica y que condenó en todo momento las acciones ilegales de expropiación y la violencia. Otra mujer, Rosario Dulcet, militante de la CNT acabaría encabezando el movimiento y en la última asamblea y según el diario de la época El Diluvio, Amalia acusaba de la siguiente manera: “las que aconsejan medios persuasivos están en un error o están afiliadas a un partido político, al cual se pretende dar la paternidad del movimiento (…)”

Sin embargo, Amalia Alegre había sabido en todo momento cómo organizar la revuelta engrosando las manifestaciones con los hijos e hijas de las obreras para contener a las fuerzas del orden de una represión violenta. También, había sabido persuadir a camareras y cabareteras de los barrios elegantes bajo la idea de que, si no había dinero para comer, cómo tenían los burgueses dinero para vicio. Los diferentes piquetes informativos se extendieron por Barcelona, las obreras secundaron en masa el movimiento y los hombres también tuvieron que parar en muchas fábricas ante la ausencia de sus imprescindibles compañeras. Incluso los estudiantes amenazaron con apoyar la protesta.

Desde Madrid se sustituyó al impopular Gobernador Civil, Sr. Auñón, por el más diplomático González Rothwos y se declaró el Estado de Guerra mientras algunos comerciantes intentaban esconder “las subsistencias” para poder venderlas más adelante a mejores precios o en la desabastecida Europa… Todos tuvieron que ceder y, finalmente, el nuevo Gobernador aceptó las justas reivindicaciones de aquellas lejanas obreras, cercanas compañeras.

Barcelona volvió así a la normalidad, pero las mujeres habían conseguido mejoras. González Rothwos anunció una serie de medidas para aumentar el abastecimiento de “las subsistencias”, enumerando una lista de precios para esos productos de primera necesidad y las sanciones para los tenderos y comerciantes que encarecieran o escondieran alimentos o carbón. Además, patrullas del ejercito supervisarían en adelante que se cumplieran las instrucciones.

“Los derechos no se conceden, se conquistan”. Noam Chomsky

martes, 21 de abril de 2020

Mujer y Premio Nobel durante la primera mitad del siglo XX

Cinco grandes escritoras que debemos estudiar: Selma Lagerlöf, Grazia Deledda, Sigrid Undset, Pearl S. Buck y Gabriela Mistral.


Detrás del Cristal
Foto: Isabel del Río ©
Que el Premio Nobel de Literatura ha olvidado grandes nombres y ha ensalzado a otros que no lo merecían es un hecho indiscutible. Por ejemplo, el español José Echegaray obtuvo el premio en 1904 mientras que el gran Benito Pérez Galdos moría en 1920 olvidado por la Academia Sueca. James Joyce tampoco recibió el Nobel y seguramente no galardonarán a Umberto Eco. Nadie sabe por qué es Nobel de Literatura Winston Churchill, salvo por defender a Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, y así podíamos seguir hablando de injusticias y lapsus.

Pero si esto sucede con los varones, con las mujeres la injusticia es exponencial, y más aún en el periodo de tiempo que estamos analizando. Quizás el motivo por el que no siempre figuran los mejores en la lista del “más prestigioso premio literario del mundo” hay que buscarlo en el modo en que se proponen candidatos. El comité Nobel invita por carta a universidades y organizaciones de prestigio para que propongan escritores para el año siguiente y, claro está, en la primera mitad del siglo XX, esas instituciones estaban mayoritariamente en manos de varones que solían olvidarse de proponer escritoras. Aún así tenemos cinco agraciadas:

En 1909, la sueca Selma Lagerlöf recibió el galardón “en apreciación del elevado idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual que caracterizan sus escritos”. Lo cierto es que Selma Lagerlöf evoluciona la literatura al separarse del realismo y naturalismo, propios de aquel momento, y apostar por descripciones llenas de imaginación y un lenguaje poético que traslada a su clara prosa. Entre sus obras destacan La leyenda de Gösta Berling; El maravilloso viaje de Nils Holgersson; y Jerusalén.

En 1926, la italiana Grazia Deledda fue premiada “por sus escritos de inspiración idealista que con claridad plástica retratan la vida en su isla natal y con profundidad y simpatía tratan los problemas humanos en general”. Su isla natal es Cerdeña y una de sus novelas más famosas es precisamente Fior de Sardegna (La flor de Cerdeña) publicada en 1892.

Sigrid Undset lo recibió en 1928 “por sus poderosas descripciones de la vida del norte durante la Edad Media”. Su trabajo más conocido es Kristin Lavransdatter, una trilogía de novela histórica ambientada en la Noruega del siglo XV.

¿Y qué decir de la escritora estadounidense Pearl S. Buck, Premio Nobel de Literatura de 1938? Es una de mis escritoras favoritas. Sus novelas están ambientadas en China, donde ella pasó muchos años y cuyo idioma dominaba (el mandarín). Destacan East Wind, West Wind, que se publicó en 1930, y la trilogía de The Good Earth (1931), Sons (1932) y A House Divided (1935), que es una bellísima saga sobre la familia Wang. Pearl S. Buck obtuvo el Nobel “por sus descripciones ricas y verdaderamente épicas de la vida campesina en China y por sus obras maestras biográficas”.

Por último, lo recibió en 1945, la chilena Gabriela Mistral “por su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. Gabriela Mistral es hasta la fecha la única mujer que ha recibido el galardón escribiendo en castellano. ¡Un honor!


lunes, 20 de abril de 2020

Quince Mujeres Impresionistas: Desde Estados Unidos a Polonia pasando por Madrid

El Impresionismo, ese movimiento pictórico y alegre, que prima los temas al aire libre, los colores claros y las pinceladas rápidas, gozo de gran predicamento entre las féminas del siglo XIX y principios del XX. Hoy hablaremos de quince mujeres pintoras que en algún momento de su carrera, sintieron pasión por el movimiento impresionista.


La francesa Marie Bracquemond (1840 –1916) es la más antigua de todas. Se educó en una pintura academicista siendo uno de sus maestros Ingres. Sin embargo, sintió pasión por el impresionismo en cuanto conoció a Monet. Expuso con ellos a pesar de las dificultades que su marido, también pintor y ceramista, le imponía. Uno de sus trabajos más ambicioso fue precisamente en cerámica: los paneles de las Musas del Arte en la fábrica de cerámicas Haviland de Limoges. Óleos muy conocidos son los que se exhiben en el Orsay de París: Tres Mujeres con Sombrillas y La Dama de Blanco. A mí me encanta su obra Los Paraguas (1882).

¿Qué decir de Berthe Morisot (1841-1895)? Provenía de una familia de artistas. Su hermana Edma también era pintora y su hija Julie Manet seguirá los pasos de su madre, aunque con menor éxito. Fue fundadora del grupo impresionista y expuso siempre con ellos. Algunas de sus obras más conocidas podemos encontrarlas en el Museo Tyssen de Madrid: El Espejo Psiqué y Pastora Desnuda Tumbada. 

La estadounidense Mary Cassatt (1844-1926) fue una pintora y grabadora americana que pasó gran parte de su vida en París. Amante del color, como buena impresionista, visitó también España. En Madrid y Sevilla, se dejó seducir por peinetas, mantillas y abanicos. Una de sus obras más conocidas de este periodo es Bailarina Española con Mantilla (1873), que se encuentra en el Museo Nacional de Arte Americano de la Institución Smithsonian.



Lilla Cabot Perry (1848—1933) también nació en Estados Unidos y vivió en París mucho tiempo. Allí fue alumna de Monet, donde realizó retratos y pintó paisajes a la manera impresionista: es decir, rápidas y pequeñas pinceladas en forma de media luna, uso exclusivo de los tres colores básicos más el blanco y el negro y estudio de la luz. Me encantan sus retratos japoneses, especialmente su Joven Japonesa que nos habla del gusto por el arte de Extremo Oriente que compartieron todos los impresionistas y posimpresionistas.

Joven Japonesa de Lilla Cabot 
en la Galerii de Arta

Impresionistas también fueron la belga Anna Boch (1848 - 1936), la pintora de origen español Eva Gonzalès (1849 –1883) o la alemana (nacionalizada suiza) Louise Breslau (1856 – 1927) porque el Impresionismo, como anuncia el título de artículo se extendió por el mundo junto con el inicio de la liberalización femenina, siempre escasa pero colorista, siempre fugaz pero que impregna para siempre la retina.

Anna Ancher (1859 - 1935), fue una artista danesa asociada con el grupo de pintores de Skagen, una colonia de artistas del norte de Jutlandia en Dinamarca. En Copenhague, donde estudió pintura, desarrolló su propio estilo, y allí fue pionera en observar la interacción de diferentes colores a la luz natural. Pintó temas intimistas, sobre las gentes de Skagen, donde hay un museo dedicado a su obra y memoria.



La polaca Olga Boznańska (1865 – 1940) es bastante conocida en su país natal, especialmente en Cracovia. En 1896, el Museo Nacional adquirió la obra de Boznańska, el Retrato del pintor Paweł Nauen y este mismo museo recibió el legado de la pintora tras su muerte.

Inglaterra también tiene una interesante pintora impresionista, Laura Knight (1877 – 1970). Además de los habituales temas impresionistas (paisajes, clubs, vida cotidiana…), ella trabajó el teatro, el ballet y el circo, por lo que fue considerada una discípula de Picasso.

En España, María Luisa Pérez Herrero (Madrid, 1898) tiene una fantástica pero corta carrera, ya que murió con 36 años. Especializada en el tema paisajístico pintó rincones de Brujas, Ámsterdam, Versalles o París, obras que fueron expuestas en 1927 en el salón del Lyceum en Madrid y en 1928 en el Salón de Amigos de Arte. En 1929, viajó a Salamanca donde se deleitó con la luz de la ciudad legándonos una bella serie de la capital charra. En Madrid, existe una calle a su nombre en el distrito de Chamartín.

También podemos citar a la rumana Magdalena Radulescu, que dejó una importante colección artística en España pero que lamentablemente desapareció durante la Guerra Civil o a la estadounidense Henriette Wyeth Hurd (1907-1997) con sus maravillosos bodegones, aunque uno de mis cuadros favoritos de ella es La Granja Brandywine Farm, absolutamente enigmático y fascinante. Pero es que la asociación de Impresionismo y Mujer llega a Finlandia con Tove Jansson (1914 - 2001) o a nuestros días, con la polaca Barbara Jaskiewicz-Socewicz.


sábado, 11 de abril de 2020

La pintora Marcelina Poncela es la Joaquín Sorolla de Valladolid


Pocos conocen a la vallisoletana Marcelina Poncela Hontoria (1864 – 1917) y sin embargo todos conocen a su hijo, el escritor Enrique Jardiel Poncela… Una vez más constatamos las dificultades que las mujeres tienen para aparecer en los libros de divulgación y para que su nombre y obra no sean borrados por el paso del tiempo.


Marcelina Poncela nace en
C/ Vega 18 de Valladolid.
Foto: Isabel del Río ©
Marcelina Poncela gozó en vida de fama en su Valladolid natal y en los círculos artísticos de Madrid, donde dio a conocer su obra en los concursos anuales de la Escuela de Bellas Artes y en las Exposiciones Nacionales. En Valladolid obtuvo, en 1885, una beca de la Diputación con intervención de la Academia de Bellas Artes y otra del Ayuntamiento en 1889. Un año antes, había obtenido el premio de primera clase de la Academia por uno de sus trabajos más conocidos, el óleo titulado La Capilla de la Aldea. Además, la hemeroteca del Norte de Castilla guarda numerosos artículos y reseñas que el periódico le dedicó, siempre elogiosos, por sus exposiciones. En Madrid, expuso con asiduidad en el Círculo de Bellas Artes, donde su acuarela En el Campo tuvo eco nacional; fue reconocida y aceptada por los artistas varones de la Escuela Pictórica de la Pumariega, posteriormente Colonia Artística de Muros de Nalón (1884 – 1890), dirigida por Casto Plasencia; y se ganó la vida con su pintura y sus clases.

Marcelina Poncela Hontoria nació en la primavera de 1864 en la calle Vega nº 18 de Valladolid. Puede que para los lectores este dato no signifique nada pero para quien está escribiendo resulta asombroso porque ha vivido, precisamente, en la calle Vega nº 18 durante años... y años ha tardado, igualmente, en conocer la importancia de la obra de la pintora que nos ocupa; no así la literaria de su hijo, ampliamente renombrado. Pero si el hijo es interesante, la madre también lo es aunque el tiempo haya olvidado su nombre.

Alumna de Carlos Haes e integrante de la Colonia Artística de Nalón, gran parte de sus obras se pueden clasificar como posimpresionistas y luministas, dentro de un estilo que compartía con el valenciano Joaquín Sorolla o con el orientalista Mariano Bertuchi. Como a tantos y tantas artistas de la segunda mitad del siglo XIX, a Marcelina Poncela le fascinaba la pintura al aire libre: paisajes del Norte de España, de Castilla e incluso, de otros países (óleo titulado Cercanías de Vriesland en Holanda, en el catálogo de la Real Academia de la Purísima Concepción de Valladolid. Eran los plenairistas, los nuevos artistas que podían salir a pintar fuera de su taller gracias a las pinturas ya fabricadas que habían comenzado a venderse en las droguerías con el advenimiento de la Revolución Industrial. Atrás habían quedado los tiempos en que era necesario pintar rodeado de ayudantes que mezclaban pigmentos y elaboraban barnices. Así, el campo y las calles se convierten en los temas preferidos, los que compran las clases medias que se acababan de incorporar al mercado del arte gracias a las nuevas ferias y exposiciones.

Sin embargo, la luz española, fuerte y marcada, es muy diferente a la luz francesa impresionista. El luminismo español capta estos bruscos contrastes de luz con una pincelada suelta y composiciones de gran armonía, que combinan el realismo con una visión poética de la naturaleza. Marcelina Poncela, después de casada y ya madre, pinta no sólo el paisaje de Quinto de Ebro, donde comienza a veranear la familia, sino sus gentes, juegos y descansos (No Vienen! de 1888). Testigo de aquellos románticos paseos de la España decimonónica que sepultó la Guerra Civil, pues aquellos idílicos parajes serán posteriormente escenario de la Batalla del Ebro.

También cultivó el dibujo floral, con múltiples ejemplos no sólo de técnica al óleo o a la acuarela sino con pastel y lápiz conté, incluso podemos encontrar caricaturas (parece que el sentido del humor le venía a su hijo de la parte materna) como la Escena Galante de 1890 donde una remilgada señorita de la Restauración coquetea inocente con un burro vestido de rico prohombre.

Importante es el óleo de 1890 donde retrata a la Reina Regente Dª Mª Cristina con su hijo Alfonso XIII niño, que se conserva en el Ayuntamiento de Valladolid. Como era frecuente entre los artistas de la época, realizó el retrato en base a una fotografía de periódico. El contrate entre blancos y negros es muy marcado y su manejo de los blancos (el color más difícil de usar con acierto en pintura) es brillante, tan brillante como el de su homólogo valenciano ya citado anteriormente.

La Reina Regente Dª Mª Cristina
con Alfonso XIII niño de Marcelina Poncela.

La Asociación Aragonesa de Críticos de Arte publicó en septiembre de 2017 un artículo con obras de sus veraneos en Quinto, lugar de donde era natural su esposo. Me ha llamado poderosamente la atención, por su fuerza y pincelada libre, el óleo titulado Paisaje con Acequia de 1900.

Y es que Marcelina Poncela entra también en el siglo XX y sus obras se llenan de nuevas influencias, por ejemplo la Modernista de su bellísimo cuadro Mis Muñecos de 1904, donde apreciamos de nuevo su capacidad para manejar los deslumbrantes vestidos blancos de las intemporales niñas de rostros etéreos.

Marcelina Poncela Hontoria murió en Quinto de Ebro en 1917 a consecuencia de un tumor en el intestino. Tenía 52 años.

R.I.P.

La vallisoletana Dolores Cid ha grabado este video dentro del Congreso Xéneros, Museos Arte e Educación:


Son importantes iniciativas de grupos que buscan la recuperación del pasado femenino, reiteradamente olvidados por los programas oficiales de nuestra Enseñanza Secundaria y Bachillerato. Iniciativas en las que veo que no aparece la Universidad de Valladolid, donde estudié yo también.

A Marcelina Poncela también la dedica un reconocimiento la Asociación Española de Pintores y Escultores ya que fue una de las cinco mujeres que apoyaron esta importante fundación: ella fue la socia número 29.

jueves, 9 de abril de 2020

La bandolera Pepa a Loba, símbolo romántico de libertad y rebeldía

A nuestros decimonónicos abuelos les gustaban los bandoleros. Bajo el sol de justicia de Castilla, recorriendo angostos valles gallegos, sin haber cobrado el jornal del señorito… nuestros resignados abuelos soñaban y fabulaban. Creaban románticas historias de hombres sin miedo, que se enfrentaban a los ricos para favorecer a los pobres, que eludían la injusta justicia y que vivían libres: ansiaban conocer un bandolero.


También soñaban las abuelas, también anhelaban libertad.

Una luz en la oscuridad
Foto: Isabel del Río ©
La leyenda de Pepa a Loba entra en la historia gracias a Concepción Arenal, quien la conoció en la cárcel de Coruña. Concepción Arenal, abogada y feminista, periodista y escritora, defensora de los derechos de los más desfavorecidos y, sobre todo, luchadora, había sufrido en sus propias carnes la opresión a la que se sometía a las mujeres a mediados del siglo XIX. Tuvo que disfrazarse de hombre para poder estudiar Derecho y, una vez descubierta y “perdonada”, continuar la carrera bajo un ritual de discriminación que la obligaba a asistir a las clases separada de sus compañeros y mantenerse aislada en un cuarto durante los descansos entre clases. Es lógico que se sensibilizara con el caso de Pepa a Loba, en quien confluyen los múltiples problemas que padecían las huérfanas.

Pepa a Loba nació en algún lugar de Pontevedra, tal vez en la parroquia de Couso o tal vez en la de Amoedo y vivía con su madre, “La Falucha”, en una humildísima morada que carecía hasta de cama. Como tantas niñas y niños pobres, empezó a trabajar antes de tener recuerdos y cuidaba las ovejas de su malvada tía Dorinda. Y como tantos niños y niñas pobres, en una fría noche tuvo que enfrentarse a un lobo que asaltó su rebaño. Se enfrentó a palos con ayuda de su perro Lueiro, y quedó herida y con el apodo que la acompañaría de por vida.

Si el comienzo del cuento asusta, la continuación aterroriza. A su madre la violan y muere, su tía Dorinda la maltrata, la acusan del asesinato de un tendero, acaba en la cárcel de Mondoñedo y después en la de Coruña… ¿Leyenda? Hay pocos datos históricos sobre Pepa a Loba, Concepción Arenal la conoció en la cárcel y se tiene constancia de que junto a su cuadrilla asaltó la casa de la rica María Paula, hoy Museo Pazo da Cruz, donde se han encontrado dos revólveres del siglo XIX en una reciente restauración que, parece, se usaron para defenderse de los continuos ataques de la bandolera. Pero aunque parte de su biografía no sea cierta o que, incluso, su personaje sea un sumatorio de vidas de varias bandoleras, lo cierto es que el destino de las mujeres pobres no solía ser mejor que el cuento que nos ocupa.

Pepa a Loba, harta de humillaciones, se rebeló. Consiguió escapar de la cárcel y montar una cuadrilla con quienes asaltaba a los ricos y, especialmente, a curas y rectorías. Dicen que la rica María Paula daba cuatro panes y dinero a Pepa a Loba cuando aparecía por su pazo, con esto se conformaba nuestra protagonista, tal era la vida de pobreza que había llevado, que llevaban las mujeres humildes, que el pan era un bien preciado. Por supuesto ayudaba a los pobres, por supuesto se enfrentaba en los caminos con mil peligros, por supuesto su leyenda se extendía por Galicia como un viento libertador. Y se la vio en el norte de Lugo y se la esperaba en Santiago, una nueva Reina Lupa*, una nueva justiciera contra la opresión de los caciques.

Dicen que murió asaltando una rectoría; otros dicen que sigue viva, que está en los bosques y que al anochecer aún se pueden oír los ladridos de Lueiro y que el aire trae entonces un olor a lavanda que indica que está cerca, casi llegando.


*La reina Lupa aparece en el Códice Calixtino del siglo XII. Era una dama gallega, con dragón incluido y acceso al infierno, en cuyas propiedades fueron depositados los restos del apóstol Santiago. Después de grandes aventuras acabó convirtiéndose al cristianismo y está representada en la Fonte do Carme de Padrón (A Coruña).

miércoles, 8 de abril de 2020

Occidente impone el patriarcado en Tahití en el siglo XVIII: las reinas Purea y Pomare IV


La reina Purea gobernaba Tahití a mediados del siglo XVIII. A ella se enfrentó el teniente británico Samuel Wallis, y así consta en sus registros, y con ella contactó la tripulación del buque de investigación HMS Endeavour, capitaneado por James Cook, en la primavera de 1769, sentando las bases para el futuro establecimiento de la dinastía Pomare en la isla. La reina Pomare IV, la Devoradora de Ojos, nos es bien conocida como aliada del Imperio Británico contra la colonización francesa, cien años después de aquella primera visita de carácter científico de Cook, Green y Solander.


"La Mujer que Camina"
Foto: Isabel del Río ©
Tahití y lo que hoy en día conocemos como Polinesia Francesa era un territorio totalmente desconocido para Europa en el siglo XVIII. El primero que había dado noticias de su existencia, había sido el explotador español Pedro Fernández de Quiros en 1606, pero hasta la llegada de Samuel Wallis permaneció ajena a la colonización. Cuando Samuel Wallis, a bordo de la HMS Dolphin, una fragata de 24 cañones, hizo presencia en Tahití, fue precisamente una mujer la que dirigió el ataque en defensa de su sagrado territorio. Ella era la jefa de tribu Purea, jefa antes de la llegada de la patriarcal cultura de la Europa de la preindustrialización.

¿Por qué Purea atacó a Wallis cuando el 19 de junio de 1767 avistó la isla? Dos años después, el científico James Cook describiría a sus habitantes como gentes pacíficas, tranquilas y alegres. La respuesta es obvia: Wallis iba a bordo de un barco militar y los tahitianos lo percibieron como una posible agresión. Ahora bien, aquella sociedad dividida en clanes, cuyos jefes (o jefas) creían descender de los dioses y estar investidos de un mana o poder sagrado que los elevaba sobre sus vecinos, no tenían reparos en otorgar el mando militar a mujeres, como sí sucedía en Europa y por tanto y en una primera aproximación al tema, podemos decir que, cuanto menos, tenían una sociedad más igualitaria que la que pretendían imponer los hombres de la Ilustración.

Además, aunque poseedores de mana, los jefes y jefas de los clanes no poseían un poder absoluto en caso de guerra. En sus marae o lugares de reuniones religiosas y políticas debían pactar con los nobles, entre otras acciones, las operaciones bélicas. La reina Purea tuvo por lo tanto el apoyo del resto de nobles para atacar a Samuel Wallis y posteriormente, cuando los tahitianos comprobaron la superioridad militar de los británicos, que bombardearon la costa, la respaldaron para que dirigiera las misiones de paz que se llevaron a cabo: procesiones, entregas de flores, y ritos de sumisión. Wallis partió pronto de Tahití, en realidad él no estaba interesado en la isla ya que su misión era dar la vuelta al mundo, pero Europa ya conocía a Purea y comenzaba a elaborar su fantástica leyenda: la de una mujer, siempre excepcional y única a los ojos de los patriarcales colonizadores, que se enfrentaba, de forma anómala y a falta de hombres tahitianos con valor, al poderoso ejército británico. Europa nunca se planteó que las estructuras sociales de aquellos “exóticos” lugares eran diferentes a las de ellos. ¿Cómo se lo iban a plantear si tampoco aceptaban que la sumisión de las mujeres occidentales había ido en aumento a medida que se reforzaban las estructuras capitalistas de competencia y división social? ¿Cómo se lo iban a plantear si estaban iniciando el arduo proceso de silenciar a toda mujer Europea que destacara o hubiera destacado?

Cuando James Cook arribó a la isla dos años después, con la intención de observar a Venus desde aquellas latitudes y de estudiar la flora y fauna, describió una sociedad diferente. Desde luego, no se detuvo en estudiar el papel de las mujeres, pero sí habló de un mundo pacífico, casi utópico, del “buen salvaje” de Rousseau, fruto de una sociedad sin industrializar. Así, llegaron a la conclusión de que la industrialización corrompía pero nunca concluyeron que la primera corrupción había sido la invisibilidad a la que venían sometiendo al género femenino, en un proceso lento, que comienza en el siglo XIV, después de la Peste Negra y que tiene su origen en el Imperio Romano, un absoluto patriarcado sin paralelo entre sus contemporáneos “bárbaros” y que la Alta y Plena Edad Media contestaron gracias a la influencia que estas sociedades bárbaras ejercieron después de la caída de Roma en el siglo V y hasta la Baja Edad Media, que se inicia con la citada Peste Negra.

La sociedad precolonial de Tahití siguió existiendo hasta la llegada de los franceses, que en 1843, declararon allí un protectorado y establecieron un gobernador en Papeete. En este momento y curiosamente (¿o no es tan curioso?) otra mujer entra en escena, la reina Pomare IV, la Devoradora de Ojos (un apodo que tampoco habla de la bonita sumisión que debe tener una mujercita), quien solicita ayuda a la reina Victoria de Inglaterra contra Francia. Gran Bretaña se limitó a condenar la invasión pero aún así comenzaron las guerras franco-tahitianas (de 1843 a 1847) que desangraron Tahití pero que también diezmaron a las filas francesas.

Después de la derrota del Fuerte Fautaua, la reina Pomare IV tuvo que capitular. Sin embargo y gracias a su resistencia y habilidades diplomáticas, los tratados de paz no fueron implacables con ella ni con su reino. Ella continuó siendo reina bajo administración francesa durante treinta años y sus aliados de Bora Bora, Raiatea y Huahine independientes.

Una vez más y como venimos demostrando, artículo tras artículo, en esta pequeña Enciclopedia de Mujeres de Isabel del Río, en todos los tiempos, lugares y culturas, las mujeres han tomado un papel activo en las sociedades que vivieron, un papel que suele ser más evidente cuando las estructuras políticas y legales son de carácter más igualitario; y roles invisibles, aunque igualmente activos, en sociedades de marcado carácter patriarcal. Sin embargo, el brutal patriarcado que se ha impuesto desde el triunfo de la Revolución Francesa, acompañado del establecimiento de la sociedad burguesa, ha manipulado los hechos otorgando logros femeninos a varones que recibían premios Nobel a costa del trabajo de ellas https://enciclopediamujeres.blogspot.com/2020/04/mujeres-silenciadas-en-la-biologia.html , ocultando con pintura las firmas de artistas del Renacimiento https://enciclopediamujeres.blogspot.com/2020/03/el-norte-de-castilla-entrevista-isabel.html o sacando de los libros de texto de Secundaria y Bachillerato cualquier referente femenino https://enciclopediamujeres.blogspot.com/2020/03/isabel-del-rio-esteban-explica-el-papel.html

Afortunadamente, muchas mujeres seguimos trabajando en recuperar nuestro verdadero pasado pero este trabajo debe reflejarse en los programas de educación para que las nuevas generaciones no crezcan sin referentes femeninos.

© Artículo de atribución obligatoria. Registrado en Safe Creative.

Purea y Njinga - CC by-nc-sa 4.0 - María Isabel del Río Esteban

lunes, 6 de abril de 2020

Njinga Mbande, reina de Angola que luchó contra la colonización europea en el siglo XVII


Njinga Mbande, también conocida como Ginga, Nzinga o Anna de Sousa, fue reina de Angola durante más de 40 años y su historia ejemplifica la conquista del continente africano por los europeos durante los siglos XVI y XVII; la oposición de los africanos y africanas al dominio foráneo; y el papel activo de las mujeres oponiéndose a la conquista y a la sumisión.


Museo del Hombre de París
Foto: Isabel del Río ©
Njinga Mbande (1583 – 1663) era hija del rey Mbandi Ngola Kiluanji; es decir su dinastía era la Ngola (Angola) y ésta es la palabra con la que los portugueses denominaron a los territorios del sudoeste de África que pretendían expoliar. Llegaron en 1575 en busca de oro y plata y desde el principio, se encontraron con la férrea oposición de la dinastía Ngola*: primero del padre de Njinga, y después de su hermano y de ella misma.

Las sociedad Mbundu, a la que pertenecía Njinga, siempre ha sido matrilineal, ellas heredan la tierra y organizan las aldeas y, como podemos constatar en el caso de Njinga, también luchaban, codo con codo, en el ejército. Así, la futura reina de Angola ya gozaba de gran prestigio militar en vida de su padre y junto a él había luchado contra el vecino pueblo Bakongo por conflictos territoriales y contra Portugal por el control del comercio de la región. Además también había demostrado ser una hábil diplomática, conocedora de las costumbres e idiomas europeos que había aprendido con misioneros.

Cuando el rey Mbandi Ngola Kiluangi murió en 1617 se desató la lucha por la sucesión entre sus dos hijos. Ngola Mbandi, hermano de Njinga, se hizo momentáneamente con el poder e incluso ejecutó al hijo de Njinga, pero sus apoyos eran débiles y más cuando los portugueses empezaron a infringir derrotas a su ejército. Asustado, llamó a su hermana para negociar un tratado con Portugal.

La hábil princesa consiguió que los portugueses se retiraran de los dominios familiares (Ndongo) y reconocieran su soberanía. A cambio, ella acepto abrir rutas comerciales con Portugal y bautizarse con el nombre de Anna de Sousa. Pero este valioso tratado se incumplió pronto por ambas partes: los portugueses capturando esclavos que llevaban a sus plantaciones de Brasil y Njinga conspirando con los holandeses para formar un ejercito conjunto y derrotar a los lusitanos, cosa que ocurriría en Ngoleme y en Massangano años después.

Njinga tenía cada vez más partidarios entre la aristocracia de Ndongo, la guerra con Portugal proseguía y era evidente que su hermano era poco competente. En 1624, murió en extrañas circunstancias y ella asumió el control como regente de su sobrino Kaza, pero dos años después ya se hace llamar “Reina de Andongo”.

En 1647, los portugueses ocuparon Luanda, la capital, y Njinga se retiró a Matamba, reino vecino donde se hizo dueña de la situación capturando y haciendo prisionera a la también reina Mwongo Matamba. Desde aquí, Njinga continuaría resistiendo a Portugal durante más de dos décadas.
Como reina indiscutida, Njinga organizo el ejército y la defensa: trincheras, cuevas ocultas, tácticas guerrilleras, moderna intendencia… Pero también se preocupó de ganar prestigió y por un decreto estableció que su reino sería un refugio seguro para los esclavos que huían de los europeos.

En 1657, un nuevo tratado ratificado en Lisboa por el rey Pedro VI, devolvía los reinos Ndongo y Matamba a Njinga. Ahora se dedicó a la administración de ambos territorios: reorganizó la agricultura y el reparto de tierras; promovió la natalidad y la inmigración desde otros reinos vecinos; y convirtió a Angola en el enclave comercial más importante del Atlántico Occidental en África.

Njinga murió con más de ochenta años pacíficamente en Matamba. Superó traiciones e intentos de asesinato y creó una leyenda que llegó a Europa. Así, grandes crueldades y excesos sexuales se contaban sobre ella, unos excesos de los que se hizo eco hasta el propio Marqués de Sade en “La Filosofía del Tocador”.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que las mujeres gobernaron Angola en el siglo siguiente y participaron activamente en todos los campos de la economía y cultura; y que la colonización de Matamba no se pudo completar hasta finales del siglo XIX.

*Ngola es también el término que designa a la persona que porta la corona real.

© Artículo de atribución obligatoria. Registrado en Safe Creative.

Purea y Njinga - CC by-nc-sa 4.0 - María Isabel del Río Esteban

domingo, 5 de abril de 2020

Una mujer introdujo en Europa el primer tratamiento contra la malaria o paludismo


Chinchón es un bello pueblo de la provincia de Madrid. Atesora arte y anís y el cine lo ha hecho famoso gracias a su bella plaza. Pero si caminamos, despacio, por sus calles empinadas encontraremos una estatua a la memoria de su Condesa, una mujer interesante desde un punto de vista científico y humano.


Chinchón rinde homenaje a su Condesa
Foto: Isabel del Río ©
Era el siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV de España, cuando Francisca Henríquez de Rivera viajó a la América española para acompañar a su marido, don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera, IV Conde de Chinchón y Virrey de Perú. Era una mujer culta, se sabe que aficionada a la poesía, y curiosa. En lugar de permanecer invisible en su palacio de cristal, visitaba la región y aprendía de aquella nueva sociedad. En un viaje por los valles costeros peruanos, enfermó. Las fiebres eran altas y los tradicionales remedios castellanos que la aplicaban no efectuaban mejora alguna.

El corregidor de Loja, Juan López de Cañizares, informó al médico de palacio, doctor Juan de la Vega, que los nativos curaban las fiebres tercianas con un remedio elaborado con la cascarilla de la corteza de la quina. El médico dudo un tiempo en tratar a su ilustre enferma con aquellos “polvos”. Pero el estado de la Virreina se agravaba por momentos y ella, mujer valiente y sin prejuicios, exigió tomar la nueva medicina. Pronto empezó a mejorar.

La Condesa de Chinchón era también generosa y decidió difundir aquella cascarilla (así la llamaban) por todo el Imperio Español. Pronto la corteza del árbol de la quina entraba por el puerto de Sevilla de la mano de los jesuitas y la corona organizaba su renta. Europa se beneficiaría durante siglos de las propiedades antipiréticas, analgésicas y antipalúdicas de este alcaloide blanco y cristalino.

En honor a la Condesa, el gran naturalista Carl Linneo bautizó a esta especie del género de las Rubiáceas: Cinchona. Las principales especies son la Cinchona succirubra (quina roja), Cinchona officinalis, Cinchona calisaya (quina amarilla) y Cinchona ledgeriana.

En el herbario del Real Jardín Botánico CSIC de Madrid está catalogado el primer ejemplar que trajeron a España. El “tipo” es un pliego en dos dimensiones y con los datos del día de su recogida.

En definitiva, el siglo de Oro Español se va llenando, poco a poco, de nombres femeninos.

© Artículo de atribución obligatoria. Registrado en Safe Creative.

Mujeres que han contribuido al desarrollo de la cultura y la ciencia - CC by-nc-sa 4.0 - María Isabel del Río Esteban